Resulta gracioso pensar que a pesar de su corta edad, el niño Jesús parece haberse jubilado y le cedió la batuta a un viejito gordinflón. La batalla entre el pequeño Jesús recien nacido y Santa Claus alias Papá Noel, alias San Nicolás, alias San Nikolaus, parece nunca terminar...
Gloria a Dios en los cielos y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad...reza un párrafo en la biblia, es el ángel anunciando el nacimiento de Jesús. Una estampa que en muchos hogares aún representamos, una estampa presidida por un Niñito Dios que plácidamente descansa en su pesebre, rodeado por la Virgen, San José, los Reyes Magos, pastorcitos, algunos animales del establo y seres infiltrados desde otros imaginarios como un soldadito de juguete, un elefante, una foca y una tortuga en un lago y un tren eléctrico dando vueltas por el nacimiento, que en la mística familiar se solidarizan con la causa de Nochebuena.
Esta Navidad como en tantas otras, no quiero a Papá Noel, ni su pino nevado, ni su trineo, ni su Coca Cola. Quiero a mi Niño, a mi modesto niñito Dios, envuelto en pañales, con vacas y burros a su alrededor, y celebraré su nacimiento como lo vengo haciendo desde que tengo memoria. El ambiente navideño en cada rincón del hogar, la pirotecnia retumbando en la cuadra, el pavo relleno, lechón al horno, ensaladas y guarniciones navideñas, chocolate y panetón, todo bien dispuesto en la larga mesa, mientras nos abrazamos y brindamos, adoraremos y agradeceremos al niño con luces de bengala, entonaremos villancicos y a última hora, muy arrepentidos, pediremos perdón frente al pesebre si no nos hemos portado bien, todo al mismo tiempo, tal vez así garanticemos la recepción de los regalos.
Gloria a Dios en los cielos y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad... ese es un buen deseo, un deseo que abarca muchísimo, un deseo que va con todo mi corazón para mis buenos amigos. Que en esta Navidad renazca en cada uno de nosotros la generosidad de compartir y la esperanza de seguir adelante a pesar de las adversidades, que dejemos de lado las preocupaciones cotidianas que solo apagan nuestros corazones, que renazca esa Paz y esa luz en los corazones apagados, que la Nochebuena les traiga sensaciones maravillosas llenas de buenos sentimientos en unión de nuestros seres queridos. Y que junto a vuestras familias y al niñito Jesús, recibamos su bendición.
Les obsequio un villancico peruano, como símbolo de unión entre los hombres a pesar de toda distancia, un abrazo largo y sentido, y un beso profundo, desde mi Perú. ¡Feliz Navidad a todos los rincones del mundo!
"Azucena kanchu
Clavelina kanchu
Niñucha waqaqtin
upallachinaypaq"
Traducción:
¿Tenemos azucenas?
¿Tenemos claveles?
Para consolar al Niño
cuando se ponga a llorar.
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sábado, 24 de diciembre de 2011
viernes, 24 de diciembre de 2010
Te veré en un lucero.
Caminando por las calles escuchaba a la gente hablar sobre sus planes en Navidad, algunos ya muy comunes en este mundo convulsionado y consumista, ese "algo" que forma parte del nuevo espíritu navideño: el juguete de moda para el pequeño engreído, el vestido que se pondrán en estas fiestas y si combinará con el mantel...porque todo ha de lucir perfecto! incluso ellos, los más serios están pendientes de lo último en tecnología y sus pretenciones no son ajenas a la de la mayoría de los "niños". Caminando por las calles también escuché decir, cosas como: "ya tengo ganas de que pasen estas fechas", "cuando escucho villancicos me provoca suicidarme", "¡otra vez tener que aguantar a mis suegros!", y... descalificativos ofensivos entre las principales tiendas de la competencia...entonces los veo me siento y pienso, si todo eso, si ese "algo" es parte de la Navidad? (y no voy a lavarme las manos y negar que en Navidades pasadas no he sido víctima del mismo consumismo) un consumismo que nos hace olvidar la esencia de la Navidad: El Nacimiento de Jesús, El Cristo, para redimir al mundo; y la obra de San Nicolás de ayudar a los niños pobres, que fueron el origen de los obsequios que se reciben en la Nochebuena. Estas "fechas" a las que nos referimos en lugar de decir "Navidad", y ese "algo" que no tiene nada que ver con ella, tal vez sea la última oportunidad de sentarse un momento para reflexionar y dejar que nuestra alma se sensibilice, Hoy por ese "algo" que no puede llamarse, Navidad.
En este injusto planeta, existen millones de personas, la mayoría de ellas, humildes, muy humildes que esperan con inmensa ilusión esos días en los cuales le dan una pequeña tregua a su desdichada vida. Porque tienen la posibilidad de echar un trozo de leña mas al fuego, o un pedazo de carne a una sopa fría. Porque vuelve el inmigrante que un día se fué, porque para muchos desafortunados con culpa o sin ella, es el único día que reciben un abrazo, o un beso.
Una noche en que no sólo aquellos, los más desdichados esperan algo, estamos nosotros, personas como ustedes o como yo que añoran los afectos ya olvidados, sólo esperando el reencuentro, una llamada, un mail, una carta, una tarjeta que nos haga confirmar los lazos afectivos con la fuerza del corazón.
Una noche de recuerdo de quienes ya no están, esos padres que se fueron dejándonos todo un mundo de amor para transitar, el consejo y el ejemplo; ese amigo que sabía entendernos y compartía con nosotros nuestro mundo. Seres queridos que pasaron por nuestra vida y que seguramente esta noche nos acompañan desde alguna estrella y esperan una sonrisa elevada al cielo en su nombre.
Pero también una noche que esperamos para compartir, para perdonar, para confirmar lazos afectivos, para llenarnos de esperanzas de un mundo mejor. Una noche para darnos cuenta que todos los seres humanos son un regalo de Dios., y que no debemos juzgarlos sin más.
Porque al sentarme y escuchar y observar a toda esa gente, ví que todas las personas son esos regalos de Dios...algo que, seguramente, pulula hoy por la red, pero que hace mucho y en su momento caló muy hondo dentro de mí y me recuerda lo que un día mi padre me contó, y seguramente su padre lo hizo con él, en una noche como ésta...
...Las personas son regalos que vienen bellamente envueltos y otras veces, sabe Dios cómo.
Algunas personas han sido maltratadas con el envío; y otras llegan flamantes y sin una arruga;
Algunas llegan encerradas como ostras escondidas, otras se puede ver a travez de su envoltura.
A veces esos regalos se abren fácilmente, otras, se necesita la fuerza y la ayuda de alguien.
Tal vez es por que tienen miedo. Porque no quieren abrirse. Quizás hayan sido heridas antes y no quieren ser lastimadas de nuevo.
O puede ser que alguna vez se abrieron, y luego se encerraron para siempre...
Quizá ahora se sienten más como "cosas"como simples "paquetes" que como "seres humanos".
Todos ustedes son un regalo, porque los amigos son el mejor regalo de Dios. Y yo soy sólo una persona más y que quizá también sea un pequeño regalo.
Un regalo de envoltura simple, transparente y sin mayores pretenciones, con un miedo terrible a ver dentro mío y decepcionarme o que se decepcionen. Quizás no confío en lo que llevo dentro o pudiera ser que en realidad, nunca he aceptado el regalo que soy.
Cada encuentro y comunicación entre personas, es un intercambio de regalos.
Mi regalo soy yo y ustedes son el mío.
Una noche que esperamos, para abrir esos regalos.
Una noche que esperamos, sólo para darnos cuenta _absurdamente_ que no necesitamos de una noche, sólo una vez al año., sino que tenemos el resto de ellas para hacerlo.
Y compartiré también con uds algo muy bello que me fué enviado:
Quisiera Armar en estos días
Un árbol dentro de mi corazón
Y colgar en lugar de regalos,
los nombres de todos mis amigos.
Los de cerca, y los de lejos. Los de siempre y los de ahora.
Los que veo cada día, y los que raramente encuentro.
Los de siempre recordados, y los que a veces se me olvidan.
Los constantes y los inconstantes. Los de las horas difíciles, y los de las horas alegres.
A los que sin querer herí, y sin querer me hirieron.
Aquellos a quienes conozco profundamente, y aquellos a quienes conozco apenas por sus
apariencias.
Los que me deben, y a quienes debo mucho.
Mis amigos humildes y mis amigos importantes.
Los nombro a todos y a los que pasaron por mi vida.
Un árbol de raíces profundas para que sus nombres nunca sean arrancados
de mi corazón, y que al florecer el año próximo traiga esperanza, amor y paz.
Y en la Navidad del Señor, nos podamos encontrar para compartir uvas de
esperanza, poniendo un poco de felicidad en aquellos que todo lo han perdido.
Sólo por hoy les propongo, mis buenos amigos, que cuando el estruendo de la pirotecnia, las sirenas de la ciudad, los saludos de Feliz Navidad les avisen que es Noche Buena, miren al cielo…busquen la estrella más grande, un lucero...y allí será nuestro punto de encuentro, una reunión sin Fronteras para unirnos en un solo deseo: Paz y Amor para el mundo entero. Feliz Navidad.
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