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lunes, 10 de mayo de 2010

RUEDAS DE CARRUAJE Capítulo II



CAPÍTULO II

Elizabeth alzó su vestido, nada más verlo no tuvo duda de que la elección de ese vestido la había realizado la mente casamentera de su madre. Aquel vestido era demasiado arreglado para la ocasión, Elizabeth se preguntó a quién deseaba su madre que ella sedujera, estando Bingley ya ocupado... Sus mejillas se sonrojaron cuando la imagen del señor Darcy apareció en su cabeza. Parecía que el orgullo del caballero no era tan destacable como su fortuna para la señora Bennet.
Elizabeth se colocó el vestido y respiró tranquila al ver que no quedaba tan elegante como había pensado en un primer momento, ante la falta de pendientes y un preparado recogido aquel vestido no era tan extravagante como hubiera deseado la señora Bennet. Elizabeth se asomó al espejo tras lavarse la cara, recordando la ofensa del señor Darcy. Ahora sí que parecía la hija de un caballero y no una simple criada.
- Ese vestido ensalza su bonita figura, señorita Bennet- la halagó la criada
- Gracias Watson, aunque lamento la pérdida del otro vestido.
- ¿Quiere bajar al salón? Los señores siguen conversando allí
Elizabeth asintió y la Señora Watson la ayudó una vez más a bajar los peldaños de las escaleras.
- Agradezco su ayuda- dijo Elizabeth cuando la criada la dejó en un sillón en la entrada, junto a la puerta del salón- Ya entraré sola al salón.
La Señora Watson asintió- Si me necesita, estaré en los jardines.
Elizabeth también asintió y le agradeció una vez más su ayuda. Cuando la criada había salido de la mansión, Lizzy respiró con fuerza, necesitaba todo el ingenio del mundo para responder a las miradas y preguntas inapropiadas del la señorita Bingley.
- ¿Señorita Bennet?
Elizabeth levantó la mirada, sorprendida al reconocer aquella voz.
- Señor Darcy- lo saludó.
- Espero que no me guardé rencor por la confusión de esta tarde.
- En absoluto. No se preocupe por eso, no soy una mujer rencorosa- dijo Elizabeth.
Darcy asintió y dio unos pasos para marcharse, pero se dio la vuelta con brusquedad volviendo su mirada hacia los ojos de Lizzy. Tenía una mirada tan profunda que Elizabeth sabía que iba ser muy complicado no cohibirse ante él.
- ¿Piensa entrar en el salón? ¿Quiere que le acompañe? He oído sobre su tobillo...
Elizabeth no pudo evitar sonrojarse, no esperaba aquel ofrecimiento de alguien como el señor Darcy. Aunque sus palabras sólo estaban provistas de una obligada cortesía y educación, Elizabeth no pudo rechazarlo. Darcy extendió su brazo para que Elizabeth se sujetara.
Fueron minutos de incómodo silencio, Lizzy se aferró a su brazo y tembló con el solo contacto de la chaqueta de Darcy contra su piel. El caballero no dijo nada, ni siquiera intentó entablar conversación. Abrió la puerta e inclinó la cabeza para saludar a los que ya ocupaban el salón. Elizabeth también inclinó la cabeza y contuvo una sonrisa al notar los ojos irritados de Caroline sobre los brazos entrelazados de Elizabeth y el señor Darcy. La imagen de Elizabeth Bennet con un vestido que realzaba su figura y acompañada del señor Darcy era el peor castigo para Caroline.
- ¿Les apetece una partida de cartas?- preguntó la señora Hurst
En cuestión de segundos se pusieron a jugar, exceptuando a Elizabeth que prefirió observar sus personalidades en silencio. Lizzy se sorprendió de la elegancia que le daban a un juego tan común como “el mentiroso”; El señor Bingley era realmente un mal jugador porque nunca se atrevía a mentir; Carolina Bingley, por otro lado, mentía constantemente pero algunos gestos como fruncir los labios o alzar las cejas la delataban; El señor Hurst era un penoso jugador, sus mentiras eran fácilmente identificables; El señor Darcy, en cambio, no hacía ningún gesto, miraba sus cartas con su natural inexpresividad y parecía no importarle cuantas tandas iba ganando. Pero el gran ganador de la partida no fue el señor Darcy sino la señora Hurst que de forma muy discreta se las había ingeniado para mirar las cartas de los que estaban a su alrededor sin que nadie más que Elizabeth se percatase.
- Es un juego realmente estimulante y una forma estupenda para saber quién triunfa en la habilidad de mentir.
- Oh, Caroline...sabes que mis habilidades para mentir se limitan a los juegos de cartas- dijo Louisa dándose por aludida.
- Ya lo sé querida hermana, sólo era un comentario que oí en Londres- dijo Caroline- Lástima que no le gusten las cartas, Srta. Bennet. Estoy segura de que, en cambio, las cartas la adorarían a usted; con una rápida mirada puedo saber quién sería o no buen jugador.
- Gracias, señorita Bingley- contestó Elizabeth eludiendo el insulto escondido de la frase- pero estoy segura de que mi antipatía por las cartas es algo mutuo.
- ¿Por qué le disgustan tanto? Si puedo preguntárselo- dijo el Sr. Darcy
- Prefiero distracciones que conlleven más ejercicio- contestó Lizzy manteniendo la mirada de Darcy.



- Oh, ya puedo imaginarla escalando árboles- rió Caroline Bingley, y su hermana la secundó con una risa más chillona.
- Desgraciadamente en los terrenos de mi padre no hay árboles suficientemente altos- dijo Elizabeth- sería extremadamente tedioso escalar árboles de poca altura
Caroline se relamió los labios, como si se dispusiera a lanzar veneno.
- Debo confesor que hago tan poco ejercicio que si intentara hacer algo así me rompería todos los huesos- dijo Charles Bingley, con su amplia sonrisa.
- Entonces le ruego que ni lo intente- dijo Elizabeth.
- No sería propio de alguien de tu clase, Charles- dijo Caroline- No se ofenda, Elizabeth. Pero sus practicas me parecen algo infantiles- Lizzy sabía que con “infantiles” se refería a “Salvajes”
- Creo que todos retenemos parte de aquella etapa de mayor inocencia dentro de nosotros mismos - opinó Lizzy
- ¡Oh, Elizabeth, eres realmente fantasiosa!- se burló Caroline- ¿No lo ve usted así, Señor Darcy?
El Señor Darcy miró a Caroline y a Elizabeth pero no respondió, ni siquiera inclinó la cabeza.
- Darcy, seguro que no permitirías a Georgiana trepar a los árboles
- Por supuesto que no- contestó el señor Darcy. Lizzy frunció las cejas al escucharle. Él y Caroline parecían estar divirtiéndose al mofarse de ella - Afortunadamente mi hermana disfruta de otras actividades menos peligrosas.
- Georgiana toca el piano de forma espléndida- informó la señorita Bingley a Elizabeth.
- Yo también toco el piano, aunque no muy bien- dijo Eliza y luego volvió a mirar a Darcy- De todas formas no podría estar encerrada todo el tiempo entre cuatro paredes y un piano.
- No se preocupe por mi hermana, Señorita Bennet; Ella pueda pasear por amplios jardines cuando necesita tomar aire - Darcy expulsó estas palabras con desprecio. Elizabeth se mantuvo firme, habían sido ellos lo que habían comenzado aquella batalla verbal.
- ¡Sí! El señor Darcy posee unos jardines realmente hermosos y muy bien cuidados, son una alegría para la vista- dijo Bingley intentando desviar el tema de conversación hacia asuntos más superfluos y así librar al ambiente de la tensión que se había formado con cada comentario.
Elizabeth aprovechó aquella ocasión para informar de su cansancio y su deseo de retirarse a la habitación. Inclinó la cabeza para despedirse y esperó a que llegara la criada para que la ayudara a subir las escaleras, aunque su tobillo había mejorado bastante ya que el dolor era mucho menos agudo. Esperó en el pasillo con la espalda pegada a la puerta del Salón, desde ahí podía escuchar perfectamente la conversación que mantenían en el interior, y dedicó mayor atención al oír cómo pronunciaban su nombre.
- Fue una lastima que Elizabeth no pudiera asistir a la fiesta- dijo con sinceridad Bingley- Hubiera sido una perfecta pareja para ti, Darcy, que no bailaste en toda la noche. Es una chica realmente agradable.
- Como ya te dije entonces Bingley, tú bailabas con la única dama que valía la pena allí- dijo el Sr. Darcy- la presencia de Elizabeth Bennet no hubiera cambiado en absoluto ese pensamiento. Ella no está mal, es bonita aunque no lo suficiente para tentarme. Y ahora que la he escuchado conversar debo añadir que peca de insolencia.
- ¿Insolencia, Darcy? Yo lo había calificado como desparpajo – dijo Bingley.
- Hay una gran diferencia entre ambos adjetivos, Bingley. Y la señorita Bennet ha sobrepasado con creces el límite entre desparpajo e insolencia.
¿Insolencia?¿Ella, insolente? Más insolente era Darcy con su mal ocultado orgullo y con sus ínfulas de señorito inglés...aunque realmente lo fuera, no son motivos para juzgar a nadie por no poseer tantas libras como las que él cobra – pensó Lizzy.
Por fin llegó la criada y Lizzy guardó silencio en todo el trayecto, escuchando nada más sus pasos sobre los peldaños. Estaba inmersa en sus pensamientos, rememoraba cada palabra que habían pronunciado Caroline Bingley y el Señor Darcy, todas provistas de una prepotencia y superioridad que resultaban ofensivas y por último aquella maldita descalificación: Insolente.
A la mañana siguiente Elizabeth se despertó algo confusa y en los primeros instantes ni recordaba a quién pertenecía esa cámara , en realidad la noche anterior había estado tan cansada que ni se había parado a admirar la cama y las paredes de ese lugar. Aquella habitación de invitados era mucho más grande que el salón de su casa y sin duda aquel colchón era mucho más mullido que el suyo propio; Pero ninguno de estos pensamientos le hicieron desistir de su deseo por volver a su casa, a pesar de la presencia del Señor Collins y de su siempre histérica madre. La idea de ver en escasos segundos a su hermana mayor la aliviaban en cierto modo porque no sabía como actuaría ante otra conversación con Caroline Bingley y el orgulloso Señor Darcy. Sin duda, cuando Jane apareciera en Netherfield, todos se olvidarían de Lizzy para dialogar con la dulce Jane. Estaba tan sumida en sus pensamientos sobre su hermana que olvidó su lesión de tobillo y apoyó con nada de delicadeza su pie sobre el suelo, no pudo reprimir un pequeño grito de dolor.
Para sorpresa suya, alguien acudió a su rescate; Darcy y su siempre inalterable rostro apareció en frente de la puerta.
- ¿Se encuentra bien?- con tanta falsa cortesía era difícil recordar que ese mismo caballero la había considerado insolente.
Elizabeth suspiró intentando expulsar el dolor que aún duraba.
- La he oído gritar- dijo Darcy alzando una ceja.
- Estoy bien- musitó la joven pero al ver que Darcy no se marchaba añadió- He apoyado mal el pie herido- Elizabeth se dio unos masajes en el pie y sin mirarle dijo- ¿Podría hacerme un favor? ¿Podría llamar a una de las criadas? Con este dolor no puedo ni siquiera calzarme.
Darcy retrocedió unos pasos y miró a ambos lados del pasillo
- Creo que eso no va a ser posible- musitó al fin.
-¿Cómo?- la crispación de Elizabeth era más que evidente.
- Todas las criadas están en la planta de abajo, cocinando y limpiando para que todo esté perfecto para la visita de los invitados.
- ¿Se refiere a mi hermana?
- Y a mi primo, el coronel Fitzwilliam- añadió Darcy.
- Perfecto- musitó fastidiada Lizzy dejándose caer de nuevo sobre el colchón. Lizzy se maldijo a sí misma en silencio, ignorando la presencia del señor Darcy. Cuando se incorporó, se sorprendió al verlo a su lado, sentado en una butaca que había junto a la cama y sosteniendo sus zapatillas.
Elizabeth miró dudosa las zapatillas y a Darcy, alternativamente.
- ¿Piensa quedarse toda la mañana aquí? Creía que esperaba con ganas la visita de su hermana Jane- Dicho esto Darcy le colocó una zapatilla en el pie herido, lo que causó sonrojo y sorpresa a la joven.
- Esta escena me recuerda a un cuento que leí hace poco- comentó Elizabeth intentando ignorar el temblor de su piel con el contacto de Darcy- Al fin y al cabo no se ve todos los días a un caballero realizar este tipo de favores- Para Elizabeth la repentina simpatía de Darcy la había sorprendido enormemente y se esforzó porque Darcy no lo descubriera, quizá él estaba arrepentido por haberla insultado el día anterior.
- ¿Qué interés podría tener un zapato en una novela?- preguntó Darcy colocándole aún los zapatos.
- Tenía más importancia que la propia protagonista- informó Elizabeth- En el cuento un príncipe coloca el zapato a cada dama del reino para encontrar a la chica del baile de la que se enamoró, la cual no reveló su identidad pero se dejó olvidado un zapato- Nada más decir esto, Lizzy se arrepintió y sus mejillas se ruborizaron. ¿Había dicho que ella era cenicienta y Darcy, el príncipe? ¿Podía creer él que ella lo había insinuado?
Darcy le miró a los ojos y Lizzy rezó porque sus mejillas coloradas pasaran desapercibidas.
- Es una trama bastante estúpida- sentenció Darcy. Los colores de Elizabeth desaparecieron con brusquedad, no había forma mejor de estropear el ambiente- ¿Tan grande tenía el pie la dama que ninguna de las mujeres del reino coincidían en su tamaño?
- Es sólo un cuento
- Prefiero los relatos realistas- dijo Darcy, incorporándose y ofreciéndole su brazo- Creo que voy a tener que ser, de nuevo, quien la acompañe hasta el comedor.
- Intentaré no acostumbrarme- respondió Lizzy aceptando el hombro del caballero.
Se formó un incómodo silencio entre los dos, al menos para Elizabeth lo era, porque Darcy parecía estar más a gusto con los silencios que con las palabras.
En cuanto pisaron el suelo después de descender por las escaleras, ambos deslazaron sus brazos.
- Creo que en suelo llano puedo moverme con más soltura- dijo Elizabeth- por suerte la lesión se está recuperando rápidamente.
- Celebro eso- respondió él .
- ¡Lizzy!- la voz de su hermana hizo que Elizabeth retirara su rostro del de Darcy, éste inclinó la cabeza para despedirse y dejarle total libertad para ir a hablar con su hermana. Con un despido más torpe, Lizzy se separó de Darcy y fue hasta la entrada donde la amplía sonrisa de su hermana la aguardaba.
- Qué alegría de verte, Jane. Sólo he pasado un día sin verte y me ha parecido una eternidad...
- Lo mismo por mi parte, querida Lizzy y para el Sr. Collins también- Antes de que Elizabeth pudiera hacer alusión a ese comentario, Jane continuó- Y yo estaba muy preocupada por tu estado de salud, tras oír lo de tu tobillo.
- Como puedes comprobar, ya ni siquiera cojeo; Y aunque no puedo hacer movimientos muy bruscos y me es algo doloroso bajar las escaleras sin apoyo, creo que la lesión está casi curada- dijo Elizabeth- Pero explícame por qué piensas que Collins me echó en falta.
- Creo que nuestro primo te había mirado con especial devoción y afecto.
Elizabeth no pudo evitar arrugar sus labios con repulsión. El le había parecido realmente pedante y ninguno de sus aspectos la atraía en absoluto.
- No digas eso Jane; Él no podría hacerme feliz a mí y definitivamente yo no podría hacerle feliz a él.
- ¡Cuánto quisiera estar mintiendo! Pero me temo que todo lo que digo es verdad...- respondió Jane- Mas no te apures porque creo que nuestra querida madre destruyó sin compasión sus esperanzas de tomarte como esposa.
- ¿Y por qué razón en el mundo mamá detendría un matrimonio con una de sus hijas? Ese es por el único sueño que suspira, y según recuerdo la situación de Collins no es nada mala ya que tiene por benefactora a Lady Catherine de Bourg.
- Sólo detendría un matrimonio si tiene en mente otro más conveniente y beneficioso- informó Jane.
- No me digas más- dijo Elizabeth- el vestido tan escotado que me envió es suficiente para suponer que espera que seduzca al Señor Darcy. Nada más lejos de lo posible, yo y el señor Darcy no podríamos sobrevivir más de media hora en una misma sala, nuestros caracteres son demasiado dispares.
- No se trata del señor Darcy; Parece que sus montones de libras no fueron suficientes para cubrir la mala impresión que dio en el baile.
- Entonces ¿De quién se trata? No hay más hombres en esta casa que el Señor Darcy y el Señor Bingley, el cual mamá ya ha emparejado contigo; Eso si no se refiere a algún criado, por supuesto...
- ¡Oh, Lizzy qué cosas tienes! Claro que no se refiere a un criado- dijo Jane- Mamá ha escuchado que el primo del señor Darcy, el coronel Fitzwilliam está en Hertfordshire, desea que le causes una buena impresión...
- ¿Y espera que el Coronel Fitzwilliam sea más agradable que su primo a pesar de su parentesco?- dijo con burla Elizabeth.
- ¿Se parecen mucho?
- No lo sé. Aún no tengo el placer de conocerle...
- Pero si pensaba que había llegado ayer- dijo Jane.
- Entonces esta vez los rumores no fueron muy exactos - dijo Elizabeth- El coronel llega hoy.
- ¡Señorita Bennet!- la voz del Señor Bingley inundó la entrada de su mansión. Ambas hermanas miraron, pero Elizabeth al ver al dueño de aquella exclamación supo perfectamente a qué hermana se refería- ¡Qué alegría tenerla aquí con nosotros!
- Le agradezco la invitación- contestó Jane y sus mejillas se ruborizaron levemente- Estaba preocupada por el estado de mi hermana.
- Espero que no le haya dado muchas quejas sobre mí- dijo Bingley.
- Oh, no...todo lo contrario- musitó Jane.
- Nunca podré estar lo suficiente agradecida por el trato que usted me ha dado, acogiéndome en su casa- dijo Elizabeth.
- Ha sido todo un honor- dijo Bingley- Y si me permiten, señoritas, las acompañaré hacia el comedor... donde están todos ya acomodándose, les adelanto que el pollo huele estupendamente.
Una vez sentados en la mesa, Bingley y Jane se ensalzaron en una agradable conversación; Caroline y la señora Hurst también hablaban y había dos sillas vacías, una al lado de Elizabeth y otra mucho más lejos de ella. El Señor Darcy no se había presentado aún en el comedor.
- ¿No tiene hambre?- le preguntó el señor Hurst.
- Eh...yo, no, en realidad estoy bien-contestó Elizabeth.
- Pues mis tripas no soportan más tiempo en ayunas- resopló él . ¡Si apenas era la hora del almuerzo! Pensó Lizzy.
- Creo que estamos esperando a alguien- dijo Elizabeth.
- Sí. El señor Darcy ha ido a darle la bienvenida a su primo, ahora recién escuchó el trote de los caballos- respondió- Espero que no tarden mucho...no hay mayor placer que comer y jugar ¿no lo cree?
- Me encanta comer- respondió Elizabeth con una tímida sonrisa.
Por suerte, la llegada de Darcy y su primo interrumpió la estúpida conversación. Lizzy posó sus ojos sobre el caballero que acompañaba a Darcy.
El Coronel Fitzwilliam mantenía una amplía sonrisa, de aquellas que los labios de Darcy nunca podrían articular. Parecía mentira que fueran primos, el coronel Fitzwilliam era rubio, no muy guapo, algo más bajito y con un porte menos estirado. Además, su rostro siempre denotaba felicidad.
- ¡Coronel Fitzwilliam!- Bingley se levantó para saludarle- Cuánto hemos deseado y esperado su llegada. ¿Ha tenido un buen viaje?
- Gracias, Bingley. El viaje estuvo bien, se me hizo corto- dijo el Coronel.
- Permítame que te presente a Caroline Bingley- dijo Darcy dirigiendo su mirada hacia la señorita Bingley que sonrió con exageración- Los señores Hurst – Darcy hizo una pausa antes de continuar- y a las señoritas Jane y Elizabeth Bennet- musitó mirando a las hermanas.
Todos los presentados inclinaron su cabeza, como saludo. Hechas las presentaciones, el señor Darcy pasó de largo de la silla más cercana a Elizabeth y se sentó en el otro lado de la mesa. Elizabeth frunció las cejas ¿Debería tomarlo como un nuevo insulto? Estaba confundida ante la cortesía y la ofensa que lanzaba hacía ella de forma alternada.




Elizabeth se sintió aliviada ante la compañía del Coronel Fitzwilliam que superaba en modales y simpatía a su primo. Ella no tardó mucho tiempo en sentirse a gusto con Fitzwilliam, los temas de conversación que trataban eran del agrado de ambos y la alegría y educación del coronel no pasaban desapercibidos. Elizabeth se alegró de conocer en aquella casa otra persona que fuera de su agrado además de Bingley ya que Jane había acaparado toda la atención de éste último y Elizabeth no quería retomar ninguna crispante conversación con el resto de los individuos.
Había decidido que aquella misma tarde volvería a casa junto a su hermana mayor, pero le expresó a Fitwilliam su deseo de volver a verlo en la fiesta de Bingley. Durante la conversación, Lizzy averiguó que el viaje de Fitzwilliam a Hertfordshire había sido para aprovechar unos días de vacaciones, eso obligó a Lizzy a preguntarse por qué un hombre tan agradable como él podía desear gastar sus días libres en compañía de alguien tan aburrido y severo como lo era el Señor Darcy.

domingo, 9 de mayo de 2010

FANFICTION DE ORGULLO Y PREJUICIO

Jane Austen no nos dice mucho sobre lo que sucedió después con sus personajes, cosa que para un buen libro no es en lo absoluto necesario, sin embargo, muchas historias se han tejido a partir de esta novela, secuelas, precuelas e historias alternas, algunas de ellas con buen gusto, y otras no tanto, a pesar de eso, las plumas siguen en el tintero dando más lugar a la imaginación y proporcionándonos en muchos casos, gratas sorpresas.
¿Que pasaría si Elizabeth Bennet no hubiera asistido al baile? ¿cuál habría sido la actitud de Darcy al tener a Lizzy indispuesta en Netherfield en lugar en lugar de Jane?
Un tobillo herido provocará que todo suceda, pero en forma diferente.

RUEDAS DE CARRUAJE


por Krola


CAPITULO I

Elizabeth Bennet se contuvo de estornudar para no interrumpir el emocionante relato que habían traído sus hermanas a los pies de su cama. Un resfriado mal curado la había obligado a mantenerse en cama mientras se celebraba uno de los acontecimientos más esperados de la semana: La fiesta donde iban a ser presentadas al Sr. Bingley.
Lydia, la más pequeña de las hermanas y también la más nerviosa movía las manos con exageración explicando en cuantas ocasiones había bailado; Catherine al mismo tiempo describía los vestidos de las damas y elogiaba las elegantes ropas que habían vestido las hermanas del Sr. Bingley. Ambas chirriaban a la vez y a Lizzy se le hacía realmente difícil seguir los comentarios de las dos al mismo tiempo.

- Lydia, Kitty...una a una, por favor- pidió Lizzy a la vez que compartía una divertida mirada con su hermana mayor, Jane, que había permanecido callada esperando también que sus hermanas pequeñas guardaran silencio. Mary, la otra hermana, miraba los nerviosos gestos de sus hermanas pequeñas con reproche.
El sonido de unas pisadas se acercaba hacia la habitación, y en cuestión de segundos, la Sra. Bennet apareció por la puerta con la bandeja del desayuno para su hija resfriada. Una sonrisa amplia residía en sus labios cuando depositó la bandeja sobre la cama de Elizabeth.

- Lizzy ¿Es qué acaso no nos vas a preguntar sobre la gran fiesta de anoche? ¿Cómo puedes estar tan desinteresada en un asunto de tanta importancia?¡ Oh, Lizzy cinco mil libras al año!- exclamó la Sra. Bennet haciendo referencia a la fortuna del Sr. Bingley.

- Ante tal desmesurada alegría no puedo más que suponer que el encontró satisfacción en la compañía de alguna de vosotras- dijo Elizabeth sonriendo por ellas y porque si hubiera sido de otra forma la Sra. Bennet le hubiera reprochado durante años aquel inoportuno resfriado que había imposibilitado que Lizzy conociera al Sr. Bingley y con ello una oportunidad de casarse con un hombre rico. Ese era el mayor sueño de su madre, casar a sus hijas con hombres de gran fortuna.

- ¡Jane! ¡Bailó con ella dos veces! También bailó con Charlotte, pero tuvo que resultarle mucho más agradable la compañía de Jane porque se apresuró a pedirle un segundo baile.


Elizabeth no reprimió su sonrisa y dirigió su mirada a su tímida hermana, que intentaba esconder su alegría.

- ¿Y cómo es el Sr. Bingley?¿Es agradable, guapo?
La Sra. Bennet iba contestar pero Jane lo hizo primero.

- No podía ser más agradable y alegre, Lizzy.

- ¡Y rico!- incluyó su madre. Aquel era un detalle esencial para la Sra. Bennet- Aunque más grande es la fortuna del amigo que lo acompañaba; El Sr. Darcy, creo que se llamaba, aunque se mostró arrogante y mal educado durante toda la noche.

- No comprendo como un hombre con tanta alegría como Bingley puede encontrar placer en la compañía de un hombre como él. - opinó Jane.

- ¡Oh, Jane! Si tú misma lo criticas que nunca te atreves a decir nada contra nadie...Ese tal
Darcy debe ser realmente un hombre horrible.

- No me mal interpretes, lizzy. A pesar de ser un hombre extremadamente serio seguro que tiene otras cualidades que no hemos sido capaces de identificar.

- Era muy apuesto- se metió Lydia en la conversación, que lejos de permanecer en silencio había seguido enumerando los encantos de la fiesta a la vez que saltaba cogida de las manos con Catherine.

- No era tan apuesto- murmuró la Sra. Bennet- Lo atractivo que puede resultar al principio desaparece cuando conoces su mal carácter. ¿Puedes creer querida Lizzy que no bailó con ninguna joven a pesar de que escaseaban los hombres en la fiesta?

- ¿No le gustaba bailar? ¿Qué hizo entonces durante toda la fiesta?- quiso saber Lizzy. Aquel extraño hombre estaba llamando por completo su atención. ¿Podía resultar un caballero tan arrogante?

- Se paseó intimidando a todos con su porte. Nos miraba orgulloso de poseer grandes cantidades de dinero y seguramente casas de incontables habitaciones...¡Engreído!- profirió la Sra Bennet con mal humor.

- ¿Qué hacen aquí todas mis damiselas? La planta de abajo está desierta y creo que las criadas están comenzando a servir el desayuno a las vacías sillas- El Sr. Bennet acababa de entrar a la habitación de su hija preferida, el ruido que solían hacer los gritos de su ruidosa familia le había advertido del lugar donde ellas se encontraban.

- No te impacientes que sólo le contábamos a Lizzy sobre la fiesta de anoche y la suerte que tuvo Jane al recibir tanta atención del señor Bingley.


- ¿Cómo te encuentras, Lizzy?- se interesó su devoto padre.

- Ya casi recuperada, padre. Aunque aún se escapa algún estornudo...-reconoció Elizabeth.

- Unos días más de cama te harán bien- dijo el Sr. Bennet.

Elizabeth puso los ojos en blanco. Ya hacía días que deseaba disfrutar de sus largos paseos por los campos, ni la lectura de sus libros preferidos le aliviaba el agobio de permanecer tanto tiempo encerrada en su habitación.

- Pero papá...Ya casi no siento los pies- se quejó.


- ¡Oh, que hija más ingeniosa tengo! – se burló el señor Bennet- Si para mañana sigues estando recuperada, ya podrás hacer tus largos paseos.

Elizabeth dio las gracias a su padre y se despidió de ellos cuando estos bajaron a desayunar. Miró a su plato con hambre y comenzó a comer mientras imaginaba los aspectos del Sr. Bingley, sus hermanas y el enigmático Sr. Darcy.

Lizzy pasó muchos más días recluida en su cuarto a causa del maldito resfriado; Jane y su amiga Charlotte eran las que más iban a hacerle compañía. En una de sus visitas se enteró de que el había mandado una carta a Jane invitándola a cenar a su casa, Netherfield.

- Mamá insiste en que vaya a caballo. ¡Pero si las nubes auguran una tormentosa lluvia!- dijo Jane.

- No dejes que te convenza. Mírame a mí...me consumo de aburrimiento. Además, si es verdad lo que Lydia dice sobre el baile que él piensa celebrar, sería una desgracia para mamá y para todas nosotras que tú estuvieras indispuesta como yo lo estuve para la última fiesta.

- Espero que eso sea suficiente para hacerla entrar en razón. No habría cosa que me diera más vergüenza que aparecer completamente mojada en la casa del Sr. Bingley.

- Jane eres tan buena y hermosa que ni incluso mojada el señor Bingley dejaría de sentirse atraído por tu persona- opinó Lizzy- pero de todas formas, por tu salud será mejor que lleves un carruaje.

Los argumentos de Jane, Elizabeth y el sobre lo horrible que sería tener que tratar un nuevo resfriado fueron suficientes para que la Sra. Bennet desistiera de su absurda intención.

El día de la total recuperación de Elizabeth coincidió con la vuelta de Jane, después de haber cenado en Netherfield. Nada más sentarse a la mesa, le exigió a Jane que le contara cada detalle de la velada que había pasado en Netherfield.

- El Sr. Bingley fue muy educado, al igual que sus hermanas - informó Jane que no podía suprimir su sonrisa- Además la comida era realmente deliciosa, deben de tener unas cocineras estupendas.

- ¿Cómo era la casa?- preguntó la señora Bennet- Supongo que tendría sofás muy caros y cuadros con adornos dorados, columnas de mármol y obras de arte.

- La casa era muy hermosa y estaba maravillosamente decorada- fue lo único que Jane dijo- Me alegra muchísimo que te hayas recuperado por fin del resfriado- dijo Jane dirigiéndose a Elizabeth, con intención de zanjar el tema.

Lizzy asintió con la cabeza y sonrió a su hermana mayor.

- Ha sido una suerte tu rápida recuperación, Elizabeth- dijo su padre y Lizzy dudó de que el adjetivo “rápida” fuera el más adecuado- Porque mañana tendremos un invitado a esta misma mesa.

- ¿Un invitado? ¡No me habías dicho que habías invitado al señor Bingley, Jane!- exclamó la Sra. Bennet.

- No es el señor Bingley- dijo su esposo- se trata de una persona que no he visto en mi vida-

Estas palabras despertaron el asombro general; y él tuvo el placer de ser interrogado por su mujer y sus cinco hijas a la vez.

Después de divertirse un rato, excitando su curiosidad, dijo:

- Hace unos días recibí una carta del Señor Collins- la mención de ese hombre provocó una mueca en el rostro de la señora Bennet, sus dos hijas menores pidieron aclaraciones a Eliza y a Jane sobre ese nombre y cuando estas parecían haber comprendido la aflicción de su madre ante tal asunto, el señor Bennet continuó- Pero no te alarmes, querida. En la carta no muestra deseo alguno de reabrir antiguas disputas de su padre en cuestión a nuestras propiedades. Sabes, que al tener sólo estas cinco hermosas hijas, nuestra casa y demás pertenencias pasarán a sus manos. Quizá sea buen hombre y se apiade del destino de sus primas.

- ¡Ay, señor Bennet, Dios lo quiera!

La expectación que había creado el forastero llegó a su punto más álgido cuando el timbre de la casa sonó, advirtiendo de la llegada del Sr. Collins. Todas las hermanas se colocaron en la puerta, expectantes porque su padre abriera por fin la puerta y diera la bienvenida al invitado.

Con la misma pasión que en un principio habían querido conocerlo, las cinco hermanas deseaban ahora borrar de sus mentes el petulante rostro de Collins y sus forzosos gestos educados.

La comida resultó más que aburrida ya que el invitado no paraba de halagar a una tal Lady Catherine y les informaba sobre una rectoría que acababa de recibir. Lydia ni si quiera se molestaba en fingir que le importaba lo que decía,l y había optado por conversar con su hermana preferida sobre los generales que llegarían a Herthforshire en cuestión de días.

Lizzy se sorprendió incluso deseando que su resfriado hubiera durado dos días más; de ese modo ahora mismo estaría cenando sola en su habitación. Por ello en cuanto tuvo la menor ocasión, informo a su padre de su intención de ir a dar un paseo.

Se sintió aliviada cuando pudo respirar aire puro, hacía tanto tiempo que no salía a dar sus acostumbrados paseos que sintió simple excitación cuando sus pies rozaron el mullido césped. Comenzó a caminar sin destino fijo, aligerando en ocasiones el paso o parando a respirar con profundidad. Agarró unas piedras del suelo y se puso a jugar con ellas como si fuera una niña de doce años, las lanzaba al aire para atraparlas al vuelo. Caminó tanto que había llegado a los bordes del camino principal y seguía inmersa en el juego de sus piedrecillas.

Volvió a lanzar las piedras al aire, pero por un tropiezo, estas cayeron en medio del camino...Lizzy se apresuró a recogerlas sin concentrarse en otro ruido que no fuera el golpe de las piedras contra el albero. Entonces escuchó el sonido del trote de unos caballos pero estaba tan absorta que creyó que el ruido estaba más lejos; Cuando miró hacia su derecha se asustó al ver tan cercano el rostro de los dos caballos y el cochero deteniendo con brusquedad el carruaje; Lizzy perdió el equilibrio y cayó al suelo, sintiendo un puntazo de dolor en uno de los tobillos.

El caballo había parado a poca distancia de ella. Lizzy abrió los ojos, tras intentar contener gemidos de dolor, para mirar al hombre que bajaba del carruaje. Era un caballero muy bien vestido, que la miró preocupado y no dudó en acercarse a ella para cerciorarse de que se encontraba bien.

- ¡Dios mío, Señorita! ¿Se encuentra bien?- dijo el caballero colocándose a su lado y extendiéndole la mano pera ayudarla a incorporarse.

- Creo que sí- murmuró Lizzy intentando levantarse con la ayuda de la mano del caballero, consiguió ponerse en pie pero se mordió el labio de dolor cuando intentó apoyar su pie derecho sobre el suelo.

- ¿Le duele el tobillo? ¿Señorita...?- el joven no supo que más añadir al no saber el nombre de Elizabeth.

- Elizabeth Bennet- informó Lizzy- y sí, me duele un poco el tobillo- reconoció.

- ¿Bennet? ¿Tiene por casualidad algún parentesco con la señorita Jane Bennet?- Elizabeth le miró con curiosidad. ¿Sería aquel caballero el Sr. Bingley?¿O quizá el Sr. Darcy ? Seguramente se trataba de Bingley porque estaba siendo bastante considerado, una cualidad que Jane le había atribuido a su enamorado.

- Es mi hermana mayor. ¿Es el señor Bingley?

- Sí. Encantado de conocerla- dijo con educación.

- Igualmente. Jane me ha hablado de la agradable atención que usted siempre le dedica. Según ella, es todo un caballero.

- Un caballero que casi le atropella- dijo avergonzado Bingley.

- ¡Oh, fue mi culpa! Me abalancé al camino sin mirar si venía algún carruaje, no puedo creer que no escuchara el trote de los caballos- se excusó Elizabeth.

- Tengo entendido que su casa está bastante lejos; Sería para mí un placer poder llevarla a mi hogar para curar la herida del tobillo cuanto antes.

- Es muy amable, pero debo declinar su oferta. No creo que sea tan grave la herida del tobillo...Aunque por otra parte me será complicado volver a casa andando- Elizabeth se lamentó de su mala suerte, tras un largo resfriado ahora se doblaba el tobillo.

- Claro que sí. Por favor, mi casa está mucho más cerca, cuanto antes se limpie esa herida, antes podrá andar con naturalidad...

Elizabeth finalmente accedió y se montó en el carruaje junto al señor Bingley. La presencia del joven era más que agradable y se alegraba que Jane hubiera encontrado alguien así porque ella solía enamorarse de hombres realmente estúpidos. Este no era el caso.

- Creo recordar que no pudo asistir a la fiesta por un resfriado- comentó Bingley cuando ya estaban en el carruaje, camino a su casa.

- Sí. Tuve la mala idea de querer dar un paseo bajo un cielo lleno de nubes negras- explicó Elizabeth- Fue para mí todo un pesar perderme la fiesta porque adoro bailar.

- Su hermana sintió también mucho su ausencia.

- Al igual que yo sus cuidados, aunque había criadas, la compañía de mi hermana Jane siempre me hace bien.

- No lo pongo en duda, es una dama muy dulce.

- Estoy de acuerdo- contestó Lizzy, disfrutando de la admiración que con tanta evidencia Bingley mostraba para con su hermana mayor.

Durante todo el trayecto, Elizabeth le habló sobre Jane; y Bingley escuchaba de buena gana, interesado en cada aspecto de Jane y queriendo saber incluso más sobre ella.

El carruaje se paró delante de Netherfield y Bingley ayudó a Elizabeth a bajar del carruaje. No dejaron la conversación sobre Jane hasta que Bingley le pidió a Elizabeth que esperara en el salón, mientras que él iba a buscar a algunas criadas para que le curaran la herida. Fue entonces cuando Lizzy se dio cuenta de que su falda se había roto y estaba sucia con el albero del camino, además su pelo estaba despeinado. No podía tener un aspecto más desmejorado.

Se sentó en uno de los lujosos sillones, se sentía incómoda tan sucia y desarreglada entre tanto lujo y comfort.

De repente escuchó unos pasos, Bingley no podía haber encontrado a las criadas con tanta prisa pensó Elizabeth. Por la puerta del salón apareció un hombre alto, de pelo moreno y con unos claros ojos azules escondidos bajo un ceño muy fruncido. Elizabeth nada más verlo no dudó en que se trataba de ese desagradable señor Darcy y sintió una inmensa curiosidad por identificar su carácter, era una afición que había desarrollado durante los años.

- Por fin encuentro a alguien- musitó el joven acercándose hacia Elizabeth- Quisiera saber si ha llegado una carta de mi primo, el coronel Fitzwilliam. La Señora Nicholls me dijo que me informaría, pero no he sabido nada en todo el día.

Elizabeth frunció el ceño contrariada, sin saber de qué le hablaba el caballero.

- ¿Quién es la Sra. Nicholls?- se decidió a preguntar.

Esta pregunta hizo que el hombre frunciera aún más el ceño, si eso era posible.

- La ama de llaves. ¿Es que no sabe para quién trabaja? La señora Nicholls dirige a todas las criadas...

¿Criada? ¿La estaba confundiendo con una criada?

- No, yo no soy criada.


Los ojos de Darcy denotaron sorpresa a la vez que le miraban de arriba abajo, juzgando sus pobres ropas.

Elizabeth se levantó nerviosa, sacudió un poco sus faldas e inclinó la cabeza para presentarse.

- Soy la Señorita Elizabeth Bennet.

- ¿Bennet?

- Así es, hermana de Jane Bennet...

- ¡Oh, veo que has conocido a nuestra invitada!- la voz alegre de Bingley hizo que Darcy se girara hacia su amigo, antes de volver a mirar con desconfianza a Elizabeth- Ha tenido un pequeño accidente, del cual yo soy desafortunadamente culpable.

Darcy miraba con detenimiento a Lizzy; Si se proponía intimidarla no lo iba a conseguir se dijo la chica sosteniendo la profunda mirada del desagradable caballero.

- Este es mi gran amigo, Fitzwilliam Darcy- les presentó- Ella es Elizabeth Bennet, una de las hermanas de Jane Bennet.

Elizabeth inclinó la cabeza y Darcy le contestó al saludo con sobriedad. Sus ojos aún estaban posados sobre ella.


Por fin, miró a su amigo.

- ¿Sabes el paradero de la Señora Nicholls, Bingley? Estoy esperando una carta.

- Creo que está instruyendo a las cocineras...Porque se quedará a comer ¿verdad, Señorita Bennet?

- Yo no...

- Incluso el gesto de subirse a un carruaje podía afectar a su pobre tobillo, si quiere podemos mandar una carta a su hermana Jane para que venga a hacerle compañía, se quedará al menos hasta mañana, por el bien de su tobillo.

Dándose cuenta del propósito de Bingley, Elizabeth accedió.

- Darcy. ¿Esa carta que esperas es de tu primo Fitzwilliam? Espero que responda afirmativamente a mi invitación para el baile- quiso saber Bingley.

- Estoy seguro de ello- dijo con simpleza Darcy antes de inclinarse para despedirse de Elizabeth y Bingley con la misma austeridad con la que los había saludado.

Elizabeth observó como el señor Darcy se alejaba de ellos con paso firme, incluso su seriedad se podía adivinar al contemplar sus rígidos hombros y sus sólidos pasos. El Sr. Bingley le hablaba pero Elizabeth no se percató de ello hasta que la figura del arrogante caballero había desaparecido por la puerta del fondo.

- ...ahí está la criada, le dije que no tardaría mucho- dijo Bingley levantándose para mirar a la criada que entraba por la puerta por donde hacía poco se había marchado Darcy.

En cuestión de segundos la herida de Elizabeth estaba limpia, el dolor había mermado pero aún no podía apoyar el pie. Bingley le hizo compañía toda la tarde, e incluso sus hermanas se acercaron a conocer a la hermana de Jane Bennet. El caballero que por suerte para Elizabeth no se presentó en ningún momento era Darcy . Aunque Lizzy no podía negar que le embargaba la curiosidad de saber dónde se encontraba.

Tampoco estaba segura si la presencia de Darcy sería más insoportable que la de Caroline Bingley, en apenas media hora Lizzy había conseguido captar su carácter; Caroline Bingley además de gracia, riqueza y belleza derramaba una hipocresía que no se molestaba en ocultar y juzgaba a todos con un rápido fruncido de labios. No fue necesario que Caroline dijera nada para que Elizabeth se percatase de que ella y su hermana estaban criticando por lo bajo el aspecto de la joven.

- Charles ¿Sabes donde se encuentra el señor Darcy? Es extraño que no nos acompañe, seguro que tiene tanto interés como nosotras en conocer a la señorita Bennet- dijo Caroline lanzando una despectiva mirada a Elizabeth.

- En realidad Darcy ya ha conocido a la señorita Bennet, pero estoy seguro que desconoce nuestra reunión sino no dudaría en presentarse para entablar alguna amena conversación con la Srta. Bennet.

Elizabeth se preguntó si hablaban del mismo Darcy que Bingley le había presentado hace poco. Aquel caballero no había mostrado ningún interés por conocerla y no había intentado entablar ninguna conversación, al contrario, era un hombre de pocas palabras.

- Oh ¿Y qué le ha parecido el Sr. Darcy?- preguntó Caroline a Elizabeth.

- Un hombre muy cortés- respondió Lizzy.

- Absolutamente- dijo Caroline Bingley- Su cortesía y su atractivo son conocidos en toda Inglaterra.

Elizabeth asintió sin saber qué decir.

- Dígame señorita Bennet ¿No le gustan los bailes?- quiso saber la señora Hurst, la otra hermana de Bingley.

- Al contrario, no hay nada que me parezca más gratificante que bailar- dijo Elizabeth- Creo que no hay forma más bella de divertirse y mostrarle a su pareja todo el aprecio.

- No recuerdo haberla visto en la fiesta donde conocimos a su hermana.

- Un resfriado me lo impidió.

- ¡Oh, Charles, en ese caso tienes que retrasar el baile que piensas organizar hasta que la señorita Bennet se encuentre en condiciones de asistir!- dijo Caroline.

- No quería causar tanta molestia...-comenzó Lizzy.

- Por supuesto que esperaremos a su recuperación- contestó Bingley.

- Será para nosotros todo un placer ver sus dotes en el arte de bailar. Su hermana era una gran bailarina y estoy segura de que usted no posee menos talento que ella.

- Creo que no, Señorita Bingley- dijo Elizabeth- Por cierto ¿Sabe algo de mi hermana Jane?

- No podrá venir hasta mañana porque creo que tienen en su casa una importante visita- dijo Bingley- pero se presentará mañana a primera hora del día. Además el cochero acaba de traer alguna de sus pertenencias para que pueda cambiarse y ponerse ropas más cómodas.

- Muchas gracias- dijo Elizabeth pero estar tanto tiempo sola en aquella casa donde sólo la presencia de Bingley le reconfortaba era una idea que no le atraía mucho.

- Si está muy incómoda, la señora Watson la acompañara al piso de arriba, han dejado sus pertenencias en la habitación de invitados...

Elizabeth sintió alegría ante la idea de desaparecer de la mirada de Caroline Bingley, que disfrutaba pensando en humillaciones o preguntas comprometidas. El dolor que sintió al apoyar el pie herido no era ni la mitad de desagradable que la compañía de Caroline.