jueves, 6 de mayo de 2010

ORGULLO Y PREJUICIO Capítulos LX y LXI (Final)

Pido disculpas por la tardanza en subir esta entrada pero fueron motivos ajenos a mi voluntad. Aquí les dejo la última entrega de esta gran obra maestra,  ha sido para mí un verdadero placer haberla compartido con todos vosotros, un abrazo y feliz lectura.

CAPÍTULO LX


Elizabeth no tardó en recobrar su alegría, y quiso que Darcy le contara cómo se había enamorado de ella:
––¿Cómo empezó todo? ––le dijo––. Comprendo que una vez en el camino siguieras adelante, pero ¿cuál fue el primer momento en el que te gusté?
––No puedo concretar la hora, ni el sitio, ni la mirada, ni las palabras que pusieron los cimientos de mi amor. Hace bastante tiempo. Estaba ya medio enamorado de ti antes de saber que te quería.
––Pues mi belleza bien poco te conmovió. Y en lo que se refiere a mis modales contigo, lindaban con la grosería. Nunca te hablaba más que para molestarte. Sé franco: ¿me admiraste por mi impertinencia?
––Por tu vigor y por tu inteligencia.
––Puedes llamarlo impertinencia, pues era poco menos que eso. Lo cierto es que estabas harto de cortesías, de deferencias, de atenciones. Te fastidiaban las mujeres que hablaban sólo para atraerte. Yo te irrité y te interesé porque no me parecía a ellas. Por eso, si no hubieses sido en realidad tan afable, me habrías odiado; pero a pesar del trabajo que te tomabas en disimular, tus sentimientos eran nobles y justos, y desde el fondo de tu corazón despreciabas por completo a las personas que tan asiduamente te cortejaban. Mira cómo te he ahorrado la molestia de explicármelo. Y, la verdad, al fin y al cabo, empiezo a creer que es perfectamente razonable. Estoy segura de que ahora no me encuentras ningún mérito, pero nadie repara en eso cuando se enamora.
––¿No había ningún mérito en tu cariñosa conducta con Jane cuando cayó enferma en Netherfield?
––¡Mi querida Jane! Cualquiera habría hecho lo mismo por ella. Pero interprétalo como virtud, si quieres. Mis buenas cualidades te pertenecen ahora, y puedes exagerarlas cuanto se te antoje. En cambio a mí me corresponde el encontrar ocasiones de contrariarte y de discutir contigo tan a menudo como pueda. Así es que voy a empezar ahora mismo. ¿Por qué tardaste tanto en volverme a hablar de tu cariño? ¿Por qué estabas tan tímido cuando viniste la primera vez y luego cuando comiste con nosotros? ¿Por qué, especialmente, mientras estabas en casa, te comportabas como si yo no te importase nada?
––Porque te veía seria y silenciosa y no me animabas.
––Estaba muy violenta.
––Y yo también.
––Podías haberme hablado más cuando venías a comer.
––Si hubiese estado menos conmovido, lo habría hecho.
––¡Qué lástima que siempre tengas una contestación razonable, y que yo sea también tan razonable que la admita! Pero si tú hubieses tenido que decidirte, todavía estaríamos esperando. ¿Cuándo me habrías dicho algo, si no soy yo la que empieza? Mi decisión de darte las gracias por lo que hiciste por Lydia surtió buen efecto; demasiado: estoy asustada; porque ¿cómo queda la moral si nuestra felicidad brotó de la infracción de una promesa? Yo no debí haber hablado de aquello, no volveré a hacerlo.
––No te atormentes. La moral quedará a salvo por completo. El incalificable proceder de lady Catherine para separarnos fue lo que disipó todas mis dudas. No debo mi dicha actual a tu vehemente deseo de expresarme tu gratitud. No necesitaba que tú me dijeras nada. La narración de mi tía me había dado esperanzas y estaba decidido a saberlo todo de una vez.
––Lady Catherine nos ha sido, pues, infinitamente útil, cosa que debería extasiarla a ella que tanto le gusta ser útil a todo el mundo. Pero dime, ¿por qué volviste a Netherfield? ¿Fue sólo para venir a Longbourn a azorarte, o pensaste en obtener un resultado más serio?
––Mi verdadero propósito era verte y comprobar si podía abrigar aún esperanzas de que me amases. Lo que confesaba o me confesaba a mí mismo era ver si tu hermana quería todavía a Bingley, y, de ser así, reiterarle la confesión que ya otra vez le había hecho.
––¿Tendrás valor de anunciarle a lady Catherine lo que le espera?
––Puede que más bien me falte tiempo que valor. Vamos a ello ahora mismo. Si me das un pliego de papel, lo hago inmediatamente.
––Y si yo no tuviese que escribir otra carta, podría sentarme a tu lado y admirar la uniformidad de tu letra, como hacía cierta señorita en otra ocasión. Pero yo tengo una tía a la que no quiero dejar olvidada por más tiempo.
Por no querer confesar que habían exagerado su intimidad con Darcy, Elizabeth no había contestado aún a la larga carta de la señora Gardiner. Pero ahora, al poder anunciarles lo que tan bien recibido sería, casi se avergonzaba de que sus tíos se hubieran perdido tres días de disfrutar de aquella noticia. Su carta fue como sigue:
«Querida tía: te habría dado antes, como era mi deber, las gracias por tu extensa, amable y satisfactoria descripción del hecho que tú sabes; pero sabrás que estaba demasiado afligida para hacerlo. Tus suposiciones iban más allá de la realidad. Pero ahora ya puedes suponer lo que te plazca, puedes dar rienda suelta a tu fantasía, puedes permitir a tu imaginación que vuele libremente, y no errarás más que si te figuras que ya estoy casada. Tienes que escribirme pronto y alabar a Darcy mucho más de lo que le alababas en tu última carta. Doy gracias a Dios una y mil veces por no haber ido a los Lagos. ¡Qué necedad la mía al desearlo! Tu idea de las jacas es magnífica; todos los días recorreremos la finca. Soy la criatura más dichosa del mundo. Tal vez otros lo hayan dicho antes, pero nadie con tanta justicia. Soy todavía más feliz que Jane. Ella sólo sonríe. Yo me río del todo. Darcy te envía todo el cariño de que pueda privarme. Vendréis todos a Pemberley para las Navidades.»
La misiva de Darcy a lady Catherine fue diferente. Y todavía más diferente fue la que el señor Bennet le mandó al señor Collins en contestación a su última:
«Querido señor: tengo que molestarle una vez más con la cuestión de las enhorabuenas: Elizabeth será pronto la esposa del señor Darcy. Consuele a lady Catherine lo mejor que pueda; pero yo que usted me quedaría con el sobrino. Tiene más que ofrecer. Le saludo atentamente.»
Los parabienes de la señorita Bingley a su hermano con ocasión de su próxima boda fueron muy cariñosos, pero no sinceros. Escribió también a Jane para expresarle su alegría y repetirle sus antiguas manifestaciones de afecto. Jane no se engañó, pero se sintió conmovida, y aunque no le inspiraba ninguna confianza, no pudo menos que remitirle una contestación mucho más amable de lo que pensaba que merecía. La alegría que le causó a la señorita Darcy la noticia fue tan verdadera como la de su hermano al comunicársela. Mandó una carta de cuatro páginas que todavía le pareció insuficiente para expresar toda su satisfacción y su vivo deseo de obtener el cariño de su hermana.
Antes de que llegara ninguna respuesta de Collins ni felicitación de su esposa a Elizabeth, la familia de Longbourn se enteró de que los Collins iban a venir a casa de los Lucas. Pronto se supo la razón de tan repentino traslado. Lady Catherine se había puesto tan furiosa al recibir la carta de su sobrino, que Charlotte, que de veras se alegraba de la boda, quiso marcharse hasta que la tempestad amainase. La llegada de su amiga en aquellos momentos fue un gran placer para Elizabeth; aunque durante sus encuentros este placer se le venía abajo al ver a Darcy expuesto a la ampulosa cortesía de Collins. Pero Darcy lo soportó todo con admirable serenidad. Incluso atendió a sir William Lucas cuando fue a cumplimentarle por llevarse la más brillante joya del condado y le expresó sus esperanzas de que se encontrasen todos en St. James. Darcy se encogió de hombros, pero cuando ya sir William no podía verle.
La vulgaridad de la señora Philips fue otra y quizá la mayor de las contribuciones impuestas a su paciencia, pues aunque dicha señora, lo mismo que su hermana, le tenía demasiado respeto para hablarle con la familiaridad a que se prestaba el buen humor de Bingley, no podía abrir la boca sin decir una vulgaridad. Ni siquiera aquel respeto que la reportaba un poco consiguió darle alguna elegancia. Elizabeth hacía todo lo que podía para protegerle de todos y siempre procuraba tenerle junto a ella o junto a las personas de su familia cuya conversación no le mortificaba. Las molestias que acarreó todo esto quitaron al noviazgo buena parte de sus placeres, pero añadieron mayores esperanzas al futuro. Elizabeth pensaba con delicia en el porvenir, cuando estuvieran alejados de aquella sociedad tan ingrata para ambos y disfrutando de la comodidad y la elegancia de su tertulia familiar de Pemberley.

CAPÍTULO LXI



El día en que la señora Bennet se separó de sus dos mejores hijas, fue de gran bienaventuranza para todos sus sentimientos maternales. Puede suponerse con qué delicioso orgullo visitó después a la señora Bingley y habló de la señora Darcy. Querría poder decir, en atención a su familia, que el cumplimiento de sus más vivos anhelos al ver colocadas a tantas de sus hijas, surtió el feliz efecto de convertirla en una mujer sensata, amable y juiciosa para toda su vida; pero quizá fue una suerte para su marido (que no habría podido gozar de la dicha del hogar en forma tan desusada) que siguiese ocasionalmente nerviosa e invariablemente mentecata.
El señor Bennet echó mucho de menos a su Elizabeth; su afecto por ella le sacó de casa con una frecuencia que no habría logrado ninguna otra cosa. Le deleitaba ir a Pemberley, especialmente cuando menos le esperaban.
Bingley y Jane sólo estuvieron un año en Netherfield. La proximidad de su madre y de los parientes de Meryton no era deseable ni aun contando con el fácil carácter de Bingley y con el cariñoso corazón de Jane. Entonces se realizó el sueño dorado de las hermanas de Bingley; éste compró una posesión en un condado cercano a Derbyshire, y Jane y Elizabeth, para colmo de su felicidad, no estuvieron más que a treinta millas de distancia.
Catherine, sólo por su interés material, se pasaba la mayor parte del tiempo con sus dos hermanas mayores; y frecuentando una sociedad tan superior a la que siempre había conocido, progresó notablemente. Su temperamento no era tan indomable como el de Lydia, y lejos del influjo de ésta, llegó, gracias a una atención y dirección conveniente, a ser menos irritable, menos ignorante y menos insípida. Como era natural, la apartaron cuidadosamente de las anteriores desventajas de la compañía de Lydia, y aunque la señora Wickham la invitó muchas veces a ir a su casa, con la promesa de bailes y galanes, su padre nunca consintió que fuese.
Mary fue la única que se quedó en la casa y se vio obligada a no despegarse de las faldas de la señora Bennet, que no sabía estar sola. Con tal motivo tuvo que mezclarse más con el mundo, pero pudo todavía moralizar acerca de todas las visitas de las mañanas, y como ahora no la mortificaban las comparaciones entre su belleza y la de sus hermanas, su padre sospechó que había aceptado el cambio sin disgusto.
En cuanto a Wickham y Lydia, las bodas de sus hermanas les dejaron tal como estaban. Él aceptaba filosóficamente la convicción de que Elizabeth sabría ahora todas sus falsedades y toda su ingratitud que antes había ignorado; pero, no obstante, alimentaba aún la esperanza de que Darcy influiría para labrar su suerte. La carta de felicitación por su matrimonio que Elizabeth recibió de Lydia daba a entender que tal esperanza era acariciada, si no por él mismo, por lo menos por su mujer. Decía textualmente así:
«Mi querida Lizzy: Te deseo la mayor felicidad. Si quieres al señor Darcy la mitad de lo que yo quiero a mi adorado Wickham, serás muy dichosa. Es un gran consuelo pensar que eres tan rica; y cuando no tengas nada más que hacer, acuérdate de nosotros. Estoy segura de que a Wickham le gustaría muchísimo un destino de la corte, y nunca tendremos bastante dinero para vivir allí sin alguna ayuda. Me refiero a una plaza de trescientas o cuatrocientas libras anuales aproximadamente; pero, de todos modos, no le hables a Darcy de eso si no lo crees conveniente.»
Y como daba la casualidad de que Elizabeth lo creía muy inconveniente, en su contestación trató de poner fin a todo ruego y sueño de esa índole. Pero con frecuencia le mandaba todas las ayudas que le permitía su práctica de lo que ella llamaba economía en sus gastos privados. Siempre se vio que los ingresos administrados por personas tan manirrotas como ellos dos y tan descuidados por el porvenir, habían de ser insuficientes para mantenerse. Cada vez que se mudaban, o Jane o ella recibían alguna súplica de auxilio para pagar sus cuentas. Su vida, incluso después de que la paz les confinó a un hogar, era extremadamente agitada. Siempre andaban cambiándose de un lado para otro en busca de una casa más barata y siempre gastando más de lo que podían. El afecto de Wickham por Lydia no tardó en convertirse en indiferencia; el de Lydia duró un poco más, y a pesar de su juventud y de su aire, conservó todos los derechos a la reputación que su matrimonio le había dado.
Aunque Darcy nunca recibió a Wickham en Pemberley, le ayudó a progresar en su carrera por consideración a Elizabeth. Lydia les hizo alguna que otra visita cuando su marido iba a divertirse a Londres o iba a tomar baños. A menudo pasaban temporadas con los Bingley, hasta tan punto que lograron acabar con el buen humor de Bingley y llegó a insinuarles que se largasen.
La señorita Bingley quedó muy resentida con el matrimonio de Darcy, pero en cuanto se creyó con derecho a visitar Pemberley, se le pasó el resentimiento: estuvo más loca que nunca por Georgiana, casi tan atenta con Darcy como en otro tiempo y tan cortés con Elizabeth que le pagó sus atrasos de urbanidad.
Georgiana se quedó entonces a vivir en Pemberley y se encariñó con su hermana tanto como Darcy había previsto. Las dos se querían tiernamente. Georgiana tenía el más alto concepto de Elizabeth, aunque al principio se asombrase y casi se asustase al ver lo juguetona que era con su hermano; veía a aquel hombre que siempre le había inspirado un respeto que casi sobrepasaba al cariño, convertido en objeto de francas bromas. Su entendimiento recibió unas luces con las que nunca se había tropezado. Ilustrada por Elizabeth, empezó a comprender que una mujer puede tomarse con su marido unas libertades que un hermano nunca puede tolerar a una hermana diez años menor que él.
Lady Catherine se puso como una fiera con la boda de su sobrino, y como abrió la esclusa a toda su genuina franqueza al contestar a la carta en la que él le informaba de su compromiso, usó un lenguaje tan inmoderado, especialmente al referirse a Elizabeth, que sus relaciones quedaron interrumpidas por algún tiempo. Pero, al final, convencido por Elizabeth, Darcy accedió a perdonar la ofensa y buscó la reconciliación. Su tía resistió todavía un poquito, pero cedió o a su cariño por él o a su curiosidad por ver cómo se comportaba su esposa, de modo que se dignó visitarles en Pemberley, a pesar de la profanación que habían sufrido sus bosques no sólo por la presencia de semejante dueña, sino también por las visitas de sus tíos de Londres.
Con los Gardiner estuvieron siempre los Darcy en las más íntima relación. Darcy, lo mismo que Elizabeth, les quería de veras; ambos sentían la más ardiente gratitud por las personas que, al llevar a Elizabeth a Derbyshire, habían sido las causantes de su unión.



34 comentarios:

AKASHA B. dijo...

querida amiga, no lei, sino devoré este capítulo, y aún no satisfecha lo releí un par de veces. Me gustaron mucho las imágenes que creaste para la ocasión, pero algo he de decirte...creo que se queda un vacío ahora sin estos dos. Que vamos a hacer?
Besos y nos leemos prontito.

Lady Darcy dijo...

Sí Akasha, la verdad es que ya se siente un vacío sin ellos, pero no te angusties, que aún tenemos Darcy para rato hasta que nos empalaguemos de él (cosa que dudo ;)) Bueno, ya lo descubrirás en la siguiente entrada.
un gran beso.

Madame Minuet dijo...

Madame, la extrañaba a usted!
Espero que no hayan sido motivos desagradables los que nos han privado estos dias de que actualice la historia, y que si lo han sido ya se hayan quedado atras por completo.

Siempre es un delicioso placer reencontrarse con Darcy!

Feliz tarde

Bisous

Eliane dijo...

Mi querida Rocely: Que lindo final...y que lindas las fotos que pusistes! Me encantó ! Gracias!
Me obligastes a leerla de nuevo!
Y ahora que harás? Con que nos vas a deleitar?
Un agran abrazo

Lady Darcy dijo...

Madame Minuet, gracias por sus palabras, yo tambien extrañaba poder estar de nuevo aquí, pero estuve varios días sin internet, nada grave para otros por cierto, pero sí para los que como nosotros necesitamos de esta esclavizante tecnología para poder liberarnos un poco y llegar a muchos lugares dentro y fuera de los libros.
gracias de nuevo por sus fieles visitas.
Feliz día.

Lady Darcy dijo...

Queridísima Eliane!

Me alegra que te obligué a releerla, pero eso siempre es un placer para nosotras ¿no crees?
Espera con calma la siguiente entrega, un besote.

Fernando dijo...

"Mis buenas cualidades te pertenecen ahora, y puedes exagerarlas cuanto se te antoje. En cambio a mí me corresponde el encontrar ocasiones de contrariarte y de discutir contigo tan a menudo como pueda". Es la más perfecta descripción de la relación básica en un matrimonio que, a pesar de estar forjado en el amor, será venturoso y duradero. El vigor (no estrictamente físico) y la inteligencia que atrayeron a Fitz no pueden sino mantenerse o crecer con el tiempo.
Al terminar de leer esta novela siempre queda la dicha de saber que seguiremos releyéndola y encontrando cada vez cosas nuevas y hermosas entre sus palabras. Como dijo Italo Calvino, un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene.
Beso su mano, Lady (ahora sí :D) Darcy.

LadyMarian dijo...

No me canso de leer a Jane Austen! No pierde actualidad!

El Sr. Bennet es uno de mis preferidos. La carta a Collins es buenísima:
Elizabeth será pronto la esposa del señor Darcy. Consuele a lady Catherine lo mejor que pueda; pero yo que usted me quedaría con el sobrino. Tiene más que ofrecer.

Besotes

Patricia. dijo...

Un final inolvidable! Muy buenos los montajes Rocely.
Un besazo.

Carmen dijo...

Un libro para leer y releer; siempre se encuentran nuevos matices como dice Fernando. La última foto es, creo, del final de la película para EEUU. A Jane Austen no creo, sinceramente, que le gustase lo del beso... Un besazo, Lady Darcy. Ya me tarda la siguiente entrada; a ver que nos tienes preparado...

Carmen dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Scarlett O¨Hara dijo...

Hacia tanto que habia leido este libro, he sentido lo mismo que senti cuando lo hice, felicidad, serenidad pero tristeza porque ya no habra mas Lizzy y Darcy ojala duraran eternamente, el vacio que dejan con su final es tal grande como el amor que siento por su historia.
Te proclamo la reina del fotoshop de forma oficial.
Ha sido un placer leer en tu blog la mayor historia de amor jamas escrita.
Besos;)

Stars Seeker A.k dijo...

¡Hola amiga mía!
Muchas gracias por la visita, sí que he estado ocupada esta última semana, y lo más gracioso es que fue a causa de estar leyendo sin parar; "Las Desventuras del Joven Werther" de Goethe, buen libro, lástima del final jaja. Me he acostumbrado a finales felices como el de esta novela que compartiste con nosotros. Y sigo el Quijote, jejeje. ¡Ya regresó la inspiración! La forma en que regresó no fue la manera en que esperaba ni el momento, pero algo es algo ;)

¡Se ha acabado esta historia hermosa! No puedo esperar a la siguiente entrada, será toda una sorpresa, lo sé :) Aquí estaré leyendo y asombrándome con las increíbles imágenes que creas jejeje

Gracias por el comentario del nuevo look jaja, me tardé en estructurar pero así quedó :D

A.k ;)

Lady Darcy dijo...

Milord.
los hombres siempre tienden a exagerar tanto las buenas como las malas cualidades de sus esposas, pero es un alivio que estén ellas para contrariarlos, una dulce batalla que se libra siempre en las mejores y mas justas condiciones, en donde no se busca un ganador sino un buen contrincante ;)
No puedo evitar sentir un poco de tristeza, es muy cierto que nunca dejamos de encontrar y analizar detalles en cada frase de una gran novela, pero aún así la nostalgia me embarga. Ha sido un placer contar con sus opiniones y en ocasiones llegar hasta el debate ;)
muchas gracias milord por su compañía.

Lady Darcy dijo...

Lady Marian.
Creo que exceptuando a Darcy, Mr. Bennet es el segundo hombre perfecto, es un personaje único, perspicaz, y con un fino sentido del humor, no me cansaría de releer una y mil veces sus fragmentos.
besos inmensos.

Lady Darcy dijo...

Gracias Patri, junto a Eliane, por haberme acompañado en todo momento desde el inicio hasta el final de esta hermosa historia.
un beso enorme.

LadyMarian dijo...

Otro que me encanta es Collins! La parte en la que él le pide la mano a Lizzie es fantástica. jaja!! Y me gustó mucho la actuación del actor que hacía de Collins en la miniserie.

Y los diálogos entre Bennet y Collins! Buenísimos!

Besos

Lady Darcy dijo...

Mi querida Carmen.
Gracias por tu visita, es un gusto tenerte siempre por acá.
Es cierto la última foto es del final alternativo para EEUU. al que yo denominaría como la guinda de la torta, tienes razón, Jane no mencionaba esas demostraciones de afecto en sus libros, más no creo que dejara de hacerlo por pudor o falta de decoro, sino por dejar más cabida a la imaginación, creo yo ;)
En cuanto a los montajes, son una pequeña licencia de autor que me he tomado (de mi blog, claro)
besosss.

Lady Darcy dijo...

Lady Marian!!
me encontraba justo respondiendo a los comentarios y me encuentro con uno nuevo tuyo, que bien!
Mr. Collins...personaje ridículo y absurdo, aunque no deja de darme cierta lástima. En cuanto al actor que lo interpretó en la miniserie, me pareció ODIOSO, me gustó más la actuación de Tom Hollander, bueno gustos son gustos.
besossss.

Lady Darcy dijo...

Gracias Scarlett por haberme acompañado en esta novela si bien no desde el inicio, pero sí en una buena parte de ella. Es sorprendente las sensaciones, sino exactas, pero sí tan parecidas, que sentimos al término de ésta. Sólo un gran libro es capáz de eso.
Gracias por el título otorgado, trataré de seguir haciendo el honor jeje.
un beso inmenso.

Lady Darcy dijo...

Querida A.K.
me alegro que estés con tan agradable entretenimiento, un buen libro es la mejor manera de mantenerse ocupada, ya me contarás tus impresiones seguramente.
Bueno, tengo varios proyectos ya armados, y no me decido cual subiré primero, creo que los iré subiendo a la par para no decepcionar varios pedidos que tengo pendientes.
nos vemos pronto.

Hormiguita dijo...

La hora de las explicaiones, cuando ella le pregunta el momento, el cuando, el como!!Esto me encanta!Muero de amor con las respuestas de el..

Las fotos que hiciste estan de lujo lujo, preciosas! tal ycomo debrian ser. Felicitacione sy gracias por tu buen trabajo ;)
PD: ya publique la foto :P

Lady Darcy dijo...

Hormiguita!!
Lizzy hace honor a la curiosidad de las mujeres, y también a responder por ellos y escuchar lo que una quiere. Aún cuando no le dé opción a Darcy para responder como quisiéramos, y nos haya privado un poco del placer de escuchar sus razones, lo poco que Darcy dijo es suficiente para cautivarnos, como siempre :D

Ahora mismo paso a sorprenderme con tu imagen.
besitos.

AKASHA B. dijo...

mi lady amiga, cuelgue usted una entrada por favor, que ya estoy extrañando al sr. Darcy. jejejeje Besos mil

Anónimo dijo...

buenas!! acabo de descubrir su blog y he de decir que me ha encantado, la felicito por la buena colacacion de las imagenes, en cuanto a esto ultimo he visto una que me ha chocado bastante, la de la boda, en la pelicula no sale, es una escena inedita? la he estado buscando y no la encuentro, si puedieras ayudarme... gracias!!

Lady Darcy dijo...

Anónimo, gracias por tus palabras. He de decir que las imágenes con las que ilustro las novelas, son en su mayoría screencaps y montajes propios, como es el caso de la imagen de la boda y otras tantas, que no son de escenas inéditas ni mucho menos, sino montajes hechos por mí. En la parte inferior del blog, menciono algunos consejos a tener en cuenta acerca de las fotos.
Saludos.

Anónimo dijo...

Me encanta esa foto de la boda, no la habia visto en todo internet, una pelicula tan bella, delicada, romantica necesitaba un beso y una boda, escenas que no son frecuentes en la versión de la tv. Gracias por esos detalles. Adoro esta pelicula de verdad que llega al corazón.

Saludos, excelente trabajo

DIANA KARINA dijo...

Estimada Lady Darcy:
Por casualidad me topé con su Blog y desde que lo hice no puedo soltarlo.... Cuando vi por primera vez la película quedé prendada de la historia y sus personajes... El ingenio de Lizzy es inspirador para su época, y la caballerosidad de Darcy y su encanto sin igual nos cautivó a todos incluso antes de conocer sus buenas intenciones... le agradezco profundamente por sus publicaciones las cuales disfruto mucho... la última escena del beso nunca la había visto… Gracias por eso también...

Laura dijo...

Querida Lady Darcy, me ha fascinado de sobremanera tu blog, es muy estimulante para mi encontrar personas que les apasione lo mismo que a mi, he de declarar que he leido Orgullo y prejuicio, La trilogia de Darcy un caballero & no se si haz leido "Elizabeth Darcy en Pemberley" Y los "Herederos del Sr Darcy" he de declara que este ultimo casi lo he de acabar, sin duda los recomiendo. Espero y hagamos contacto.
Con cariño

Laura

Eterna Enamorada dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eterna Enamorada dijo...

Querida Lady Darcy:me siento encantada de haber encontrado un lugar en donde otras personas se apasionan con las novelas de Jane Austen, en especial "Orgullo y Prejuicio".Desde que la ví por primera vez en tv, me cautivó hasta el alma al punto de llorar por tanta emoción desarrollada en esta historia.Y ahora al poder leer la novela através de tu blog,siento como si me transportara a ese mundo de amor entre Lizzy y Darcy, con detalles no vistos en la película, hacen más interesante la trama...queriendo más sin que tenga final...
Me encanta el personaje de Lizzy por ser una mujer determinante , decidida adelantada a su época, y Darcy para ser un aristócrata de aquella época en que los prejuicios eran marcados,se deslinda de ese molde pues se muestra como una persona noble y sensible...Quiero más!!!
Felicidades por tu blog es maravilloso!

Ladydi dijo...

Hola Lady Darcy

Llego un poco tarde a tu blog pero no tanto como para devorar esta historia y quedar cautivada con el libro que tu has sabido hacer aun mas atractivo (lo que parece imposible) gracias a las imagenes con las cuales has acompañado la historia. He estado leyendo anonimante, pero hoy que termino la historia solo me resta darte las gracias por tan maravilloso blog y por la forma en que has compartido la historia para todos los que admiramos a Jane Auste.

PD. Curiosamente yo si me llamo Lady.

Anónimo dijo...

ola señorita
Has hecho un exelente trabajo con este blog un libro sensacionaL, una historia de muchos cambios pero son dejar los temas princpales (el amor, el orgullo y el prejuicio).
ahora tengo grandes espectativas, de la trilogia. Para mi opinion estos son los verdaderos actores de orgullo y prejuicio los de la peli de 2005 por q solo con sus miradas se ve su atracion pero con sus palabras y acciones demuestran como si se odiaran jajaja

una historia esplendida

Sofia Novoa Sanchez dijo...

Querida Lady Darcy, me encantó este blog, empecé a buscar alguna secuela interesante de *Orgullo y Prejuicio* como lo haría cualquier persona enamorada de a historia de Elizabeth y nuestro amado Sr Darcy, sabiendo que, nadie puede igualar a nuestra querida Jane Austen por el estilo tan apasionante de sus obras pero esperé que alguien brindara una secuela interesante...
Muy a mi pesar, encontré variedad de secuelas, agradables sin duda, pero todas ellas basadas en la película, dicho sea de paso, hermoso film... pero no encontré ninguna basado en el libro que es mas hermoso y gratificante.
Sé que el blog ya tiene mucho tiempo, yo recién lo encontré y quede totalmente prendida de todos los detalles en el.
Espero que alguien pueda recomendarme una secuela como ya mencione, basada en el libro.
Una reciente seguidora y admiradora, Sofia